Autor: José Luis Martínez G.

Primera Lectura: Hechos 10, 34.37-43

Salmo: 117

Segunda Lectura: Colosenses 3, 1-4

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     20, 1-9

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos. Palabra del Señor. Gloria a Ti Señor Jesús.

Lo viejo ha pasado. Somos criaturas nuevas en el Señor.

!Ha Resucitado! !Está Vivo! !Está entre nosotros! Es el grito de triunfo y de victoria que lanzan al mundo los Seguidores del Camino, los Apóstoles de Jesús. Mientras que los seguidores de Mahoma callan su muerte, los Discípulos de Jesús gritan a voz de cuello que: !Ha muerto, pero que Dios le Resucitó de entre los muertos! Solo Jesús se ha proclamado como Dios y es para el Cristiano el fundamento y el cimiento de su fe. La Pascua de Jesús marca el triunfo definitivo de Dios en contra de satanás. Así como Jesús Resucitó y está sentado a la derecha del Padre, así nosotros somos llamados para recorrer el mismo camino, siendo criaturas nuevas en el Señor, muriendo al “hombre viejo” y resucitando como criatura nueva en el Señor. Cielos nuevos y tierras nuevas, lo viejo ya pasó, somos nuevos y una nueva vida de amor y de fraernidad, de soidaridad y de entrega nos espera a todo aquél que diga y repita: !Jesús es el Señor!

Esta Semana Santa ha sido el inicio de una nueva vida en Cristo Jesús, para aquellos que han sabido llegar al perdón y al arrepentimiento. Esa nueva vida es para quienes han aprovechado el tiempo de Gracia que Jesús nos ha ofrecido, para los que se han arrepentido de los frutos producidos hasta hoy, para los inconformes con las injusticias contra los que no tienen voz, contra los que no se pueden defender, para aquellos que tienen la esperanza puesta en la eternidad, en los valores que permanecen y los que nos llevan a la vida eterna.

Durante la Semana Santa hemos sido testigos de los misterios de dolor y de amor más significativos de la vida espiritual. Se trata e una mezcla de alegrías y de sufrimientos que lleva al hombre a reconocer el acto de amor más grande y maravilloso de todas las épocas. Por más insensible que sea el ateo más recalcitrante, tiene que reconocer que todo un Dios se abaja para llevar al hombre, hechura de sus manos, a la salvación eterna. !Felices Pascuas de Resurrección! !Que Dios bendiga tu vida mi Hermano y que te lleve a superar todo obstáculo que te retire de Jesús!

Señor Jesús, Rescata a mi Familia. !Amén!

Señor Jesús, Restaura a mi Familia. !Amén!

Señor Jesús, Salva a mi Familia. !Amén!

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