CUANDO SEAS PADRE…

Cuando somos pequeños o jóvenes no entendemos el papel de nuestros padres, sus exigencias, sus peticiones, sus llamadas de atención, en fin tantas cosas que a nosotros como hijos nos parecen absurdas e incomprensibles. Pero a todos nos llega nuestro tiempo, y es entonces cuando nos ponemos en los zapatos de nuestros padres y todo aquello que no entendíamos nos es claro y razonable.

Yo soy una mujer a la que Dios le dio la bendición de ser madre de tres hijos varones, los cuales amo y educo como me es posible. Eh pasado por muchas situaciones difíciles en mi matrimonio, mi felicidad en diversos momentos se ha opacado por algunos problemas.

Esta experiencia de vida me ha hecho reflexionar acerca del gran papel que tienen nuestros padres, esa responsabilidad tan grande de guiarnos por el mejor camino. En estos momentos es cuando más recuerdo a mis padres, esos regaños y consejos, ese amor y mimos de su parte. Ahora reconozco su gran labor. Admiro y acepto los padres que Dios me ha regalado.

Son tantas cosas las que giran en torno a nosotros como padres, además los problemas que se dan en el matrimonio, las responsabilidades y la obligación de sacar adelante a nuestros hijo pensamos en tantas cosas, nos pasan tantas cosas  y siempre nos olvidamos de educar a nuestros hijos en la fe.

Dios me ah permitió la dicha de ser madre, como a ti también o si no lo eres algún día lo serás. Debemos educar a los hijos siempre de la mano de Dios y con la sabiduría que sólo él nos puede dar.

En mi caso, a veces me es difícil hacerlo, pero en Dios he encontrado al mejor Padre,  a un maestro de vida, al mejor hermano y amigo, quien me ha regalado lecciones de vida que me han fortalecido, me han hecho crecer y aprender.

Pidamos con toda humildad a Dios que sea Él nuestro ejemplo para con los hijos, que seamos como Él con nosotros; amemos pero también reprendamos cuando sea necesario. Les enseñemos a ganarse con esfuerzo cada cosa, a ser agradecidos con sus padres, a buscarlos cuando los necesiten y a pedirles perdón cuando se les ofende.  

Pues Él lo dice en su palabra: El que ama a su hijo no le escatima los azotes, más tarde ese hijo será su consuelo, el que educa bien a su hijo  tendrá sus satisfacciones, se sentirá orgulloso de él delante de sus parientes. Cuando su padre desaparezca será como si no hubiera muerto porque dejará tras de sí a otro como él. (Eclesiástico-Sirácides 30, 1-13)

Mis hermanos sólo Dios nos puede dar ese corazón de padres que nos permita sentir ese amor único y nos quite esa ceguera espiritual y nos permita ver más allá de  los regalos o de lo material que les podamos dar a nuestros hijos.

Señor permítenos ser buenos padres como lo fueron José y María y como lo es tú padre mismo, que transmitamos nuestra fe y amor a nuestros hijos para que con ello sean guiados por tu bendita mano. Así sea.  

Señor Jesús, Rescata, Restaura, Salva  a mi Familia…Amén          Karina Franco Torres

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