CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO-JESÙS ES NAVIDAD

Autor: José Luis Martínez G.

Primera Lectura: Miqueas 5, 1-4

Salmo Responsorial: Salmo 79

Segunda Lectura: Hebreos 10, 5-10

Evangelio según San Lucas: 1, 39-45

“En aquellos días, se puso en camino María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, Isabel quedó llena de Espíritu Santo y exclamó a gritos: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que venga a verme la madre de mi Señor? Porque apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» Y dijo María: «Alaba mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor cosas grandes el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los de corazón altanero. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos con las manos vacías. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abrahán y de su linaje por los siglos.» María se quedó con ella unos tres meses, y luego se volvió a su casa. Palabra de Dios. Gloria a Ti Señor Jesús.

Jesucristo es Navidad

En estos días todo es especial. No se acabó el mundo. Para muchos de nosotros nos sirvió para ejercer y renovar nuestra fe. Las filas en los Confesionarios de las Iglesias parecían interminables. En lo particular, me sirvió tremendamente, pues para mi si se acabó el mundo, pues he vuelto a morir al “hombre viejo” y he resucitado al “hombre nuevo”. Para mi si se acabó el mundo, pues ya no quiero seguir siendo como antes. Quiero cambiar de esas actitudes amargas, irascibles, rencorosas y que han estado a punto de acabar con mi matrimonio. Quiero ser amable, dulce y cariñoso con mi Esposa, con mi Hija, con mis Hermanos de Comunidad, en fin, quiero ser todo nuevo. Quiero ser como María, la Llena de Gracia, dócil al llamado del Espíritu Santo, que tan pronto supo por el Ángel que su prima Isabel estaba en cinta, fue de inmediato a ayudarle. Ser como María e Isabel, que cifraron su alegría en la presencia del Espíritu Santo en sus vidas. Hoy más que nunca pide una nueva Efusión del Espíritu Santo y verás como Jesús renueva toda tu existencia.

Tú mi Hermano que lees esta columna, como vas a esperar a Jesús? Recuerda que: JESÚS ES NAVIDAD. Nada ni nadie puede suplir la presencia del Bebé que dio su vida por salvarnos. Ni los regalos, ni las comidas o fiestas, ni mucho menos el alcohol o la música pueden ser los substitutos de Jesús en estas Fiestas. Recuerda que, para los que creemos, estas Fiestas hay que vivirlas con renovado espíritu, con renovada esperanza, esperando al Señor Jesús como lo esperó el mismo Simeón, con paciencia y dócil al llamado del Espíritu Santo.

No permitas que te saluden con la tan simplona frase de “Felices Fiestas”. NO. Que te salude diciendo “FELIZ NAVIDAD”, pues Jesús es Navidad, Jesús viene a nacer en tu corazón y viene a renovar tu existencia. Defiende con ahínco tu fe y no permitas que te releguen y te discriminen ni tu creencia del Dios Vivo que se Encarnó de la Virgen y que murió para darte vida y vida en abundancia.

Tampoco te pases estas Fiestas Navideñas alcoholizado, haciéndola de payaso, que todos se burlen de ti y que al dìa siguiente tengas la cruda moral de no levantarte por no saber que fue lo que hiciste el día anterior.

En fin, pon en orden tus actitudes, tus gestos y tus violencias, para que nada ni nadie empañe tu nueva vida, la vida de los hijos de Dios. Espera, ten paciencia, hay mucho tiempo por vivir y necesitas del amor de tu Esposa, de tus Hijos y de tu Familia y amigos. No eches por la borda la vida que Dios, desde antiguo, pensó para ti. Vive tu Navidad, Vive tu Cristo y vive para que sigas dando vida a los que te rodean. ¡Así sea!.

Señor Jesús, Rescata a mi Familia. ¡Amèn!

Señor Jesús, Rescata a mi Familia. ¡Amèn!

Señor Jesús, Rescata a mi Familia. ¡Amèn!

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