DOMINGO 13 DE ENERO DE 2013 DESPUES DE EPIFANIA

Autor: Juan Ángel Sainz Rosas

Primera Lectura: Isaías: 42, 1-4. 6-7

Salmo Responsorial: Salmo 28

Segunda Lectura: Hechos de los Apóstoles: 10, 34-38

Evangelio según San Lucas: 3,15-16.21-22.

Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo: “Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de Sus sandalias; Él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del Cielo: “Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”. Palabra de Dios. Gloria a Ti Señor Jesús.

Cuando los cielos se abren

En aquel tiempo había una gran expectación en cuanto a la predicación del bautizo y de que Juan fuese el Mesías, mientras tanto, Jesús está a punto de iniciar su misión: Acercar el Reino de Dios a la Humanidad. Jesús llega al Jordán para recibir el bautismo de Juan. Es claro que al buscar a Juan en el Jordán, no viene buscando un bautismo de regeneración, sino iniciar su tarea, instaurar el Reino de su Padre; así, cuando se hace bautizar se manifiesta su verdadera condición de Hijo de Dios. Él aparece ante nuestros propios ojos, o sea ante el pueblo, como lo que Él ya era: El Ungido, el Mesías, como el nuevo Moisés que, rescatado de las aguas, inicia el proceso de ruptura de las cadenas de esclavitud del pecado que atan a sus hermanos; y por primera vez en la historia se manifestaba, en un solo momento juntos, el Misterio de la Santa Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo; que existen en una misma Esencia Divina inseparable, sin diferencia de tiempo y espacio, aparecen separadamente en cuanto a los espacios de locución que cada persona ocupaba, pero una sola Divinidad.

Ahora el bautizo para nosotros es distinto al de Juan, porque ahora somos bautizados con el Espíritu Santo, ya que el agua no solo es el signo de nuestro deseo de conversión, sino que con el poder del Espíritu se limpia el pecado original y recibimos la Gracia en plenitud que nos convierte en verdaderos hijos de Dios. El agua significa no solo un deseo de conversión, sino la presencia del Espíritu que realiza el deseo de conversión y limpia completamente el corazón del hombre.

Tal vez nos preguntaremos, si ya estamos ungidos, ¿Por qué batallamos para vivir como hijos de Dios?

Recordemos que Dios nos da la Gracia sin quitarnos Libertad, para así nosotros decidir vivir como tales (hijos de Dios). Así es el verdadero Amor. Dios quiere que el amor brote de nuestro corazón gratuitamente, como acción de gracias, por todo lo que recibimos de su parte. La dificultad viene cuando nos perdemos, olvidando el gran amor de Dios y nos dejamos seducir por otros “amores” con otros intereses que nos roban nuestra libertad y dignidad ya otorgada por Dios y nos desvían de nuestro caminar.

Luchemos pues por el verdadero Amor que es Camino, Verdad y Vida: Jesucristo Rey de Reyes….. Nuestro SEÑOR.

Señor Jesús, Rescata a mi Familia. ¡Amén!

Señor Jesús, Restaura a mi Familia. ¡Amén!

Señor Jesús, Salva a mi Familia. ¡Amén!

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