DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO MIS OJOS HAN VISTO TU SALVACION, SEÑOR

Autor: Luis Mario Hernández H.

Primera Lectura: Jeremías: 1, 4-5. 17-19

Salmo Responsorial: Salmo 70

Segunda Lectura: 1 Corintios: 12, 31-13, 13

Evangelio según san Lucas 2, 22-40

Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones. Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo: “Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”. El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”. Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él. Palabra del Señor. Gloria a Ti señor Jesús.

Mis ojos han visto tu Salvación, Señor

Mi comentario o lo que me hace entender el Señor respecto a esta parte del Evangelio es que el Señor nos recompensará siempre que estemos en su gracia, obtendremos vivamente su favor y sus bendiciones manteniéndonos en su palabra.

Él siempre está presente en nuestras vidas y más temprano que tarde debemos tener ese encuentro con el Señor y con su amado Hijo Jesús, pero es importante que cumplamos también lo que Él nos indica, mantenernos fuertes en la lucha contra el malo, cumplir sus mandamientos y participar de la Eucarístía.

Simeón y Ana mantenían esa fe, la fe que garantiza el favor del Señor, e igual que esa fe debemos de tener la esperanza y la paciencia que Él nos pide, asistir a Misa, alabarlo y agradecer por las bendiciones que nos otorga y, ¿por qué no? también por las dificultades y pruebas que la vida nos presenta.

Simeón profetizó a María que a causa de lo que nuestro Señor Jesús daría a conocer al mundo, una espada le atravesaría el corazón. Esto nos enseña que los caminos de DIOS no siempre están allanados, en ocasiones son difíciles y es la fe y la confianza en el Señor lo que nos da la fuerza para continuar en ellos y no desviarnos.

El Señor hace las cosas nuevas, y así como hace las cosas nuevas también puede cambiar nuestras vidas, debemos estar listos para el encuentro con Él, y el lugar indicado es en su Casa, que es en dónde sucede lo mencionado en el Evangelio: Siméon va al templo movido por el espíritu y Ana está en el templo noche y día, es y será su Casa el lugar especial para recibirlo, vayamos a Él, que con Amor nos recibe y con su Amor nos bendice. Amén.

Señor Jesús, Rescata a mi Familia. ¡Amén!

Señor Jesús, Restaura a mi Familia. ¡Amén!

Señor Jesús, Salva a mi Familia. ¡Amén!

 

 

 

 

 

 

 

One Response to “DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO MIS OJOS HAN VISTO TU SALVACION, SEÑOR”

  1. Luis C. Madrigal says:

    Gracias LUIS MARIO, es verdad que el lugar por excelencia para estar con el SEÑOR es Su casa, pues es ahí a donde estamos invitados todos los bautizados, al Banquete del SEÑOR, ya que como Simeón y Ana poseemos el mismo Espíritu de Dios, saludos,,,

Leave a Reply