DOMINGO V DE CUARESMA CICATRICES DEL CORAZÓN

Autora: Erika Samantha Martínez de Torres

Primera Lectura: Isaías: 43, 16-21

Salmo 125

Segunda Lectura: Filipenses: 3, 7-14

Evangelio según San Juan 8, 1-11

“Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles. Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?”. Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: “El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra”.  E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?”. Ella le respondió: “Nadie, Señor”. “Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante.” Palabra de Dios. Gloria a Ti Señor Jesús.

Cicatrices del corazón

¿Verdad que el tiempo pasa muy rápido? y ¿A poco te has puesto a pensar en todas las cosas que haces y dices en el día? Si eres un despistado como yo, déjame decirte que somos unos “egoístas”.

Porque muchas veces juzgamos, y ¿qué es lo que pasa? que vamos dejando cicatrices en los corazones de las personas y muchas veces son a las que más queremos, como nuestra pareja, hijos y padres, y ellos, al pasar el tiempo se van llenando inconscientemente de fobias, miedos, inseguridades, depresión, etc. Tal vez juzgamos porque así nos juzgaron a nosotros, y no existió un perdón para sanar esas heridas.

Pensemos bien las cosas que hacemos y decimos.  Si alguien viene y quiere comenzar una pelea, no permitamos que entre la ira a dominar nuestro actuar.  El mejor ejemplo nos lo muestra nuestro Señor Jesús en el Evangelio, Él sabía perfectamente que las personas acusadoras habían planeado muy bien ese momento, la mujer fue solamente el medio para provocarlo.

Todos hemos pecado en algún momento, así que no digas: “de esa agua no he de beber”. Pongamos más atención en todas nuestras actividades, y te vas a sorprender al darte cuenta que el día es muy largo para poder resolver las diferencias que tienes con los demás. Dios te bendice.

Señor Jesús, Rescata a mi Familia. ¡Amén!

Señor Jesús, Restaura a mi Familia. ¡Amén!

Señor Jesús, Salva a mi Familia. ¡Amén!

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