DOMINGO X1 DEL TIEMPO ORDINARIO LA ARROGANTE ENTROMETIDA

Autor: José Luis Martínez González

Primera Lectura: Segundo Libro de Samuel 12, 7-10.13

Salmo Responsorial: Salmo 31

Segunda Lectura: Gálatas 2, 16. 19-21.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 7, 36-8,3

Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. Y colocándose detrás de Él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: «Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!» Pero Jesús le dijo: «Simón, tengo algo que decirte» «Di, Maestro», respondió él. «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?» Simón contestó: «Pienso que aquel a quien perdonó más». Jesús le dijo: «Has juzgado bien». Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor». Después dijo a la mujer: «Tus pecados te son perdonados». Los invitados pensaron: «¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?» Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz». Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.

Palabra del Señor. Gloria a Ti Señor Jesús.

LA ARROGANTE ENTROMETIDA

Estos pasajes del Evangelio nos muestran como todos los personajes tuvieron algo que perder. La mujer pecadora perdió la vergüenza y se fue a entrometer a donde no la llamaban. Nada le importó que no la hubieran invitado. Le valió. Ella a lo que iba. También “perdió” el perfume tan caro que había llevado. El dueño de la casa, Simón el Fariseo, perdió el “toque” de elegancia que había puesto para su invitado de honor: Jesús. La mujer pecadora le echó todo a perder. Jesús “perdió” la compostura de Profeta que se había ganado entre la gente, pues, según simón el Fariseo, no se daba cuenta con quien estaba tratando: Nada más y nada menos que con una pecadora.

Todos perdieron algo. A mi me parece que la Mujer Pecadora, así con mayúsculas, tuvo “muchas faldas” al entrar a ese convite, al que no fue convidada. Pero, en la vida espiritual, somos motivados incluso a ejercernos violencia a nosotros mismos con el afán de arrebatar el cielo, cuanto más el hecho de “volarnos” la invitación al aquelarre de Simón el Fariseo. En nuestra madurez espiritual tenemos la necesidad de “perder algo” por nuestra salvación y por el perdón de nuestros pecados.

El alcohólico tiene que quebrar la botella; el “enojón” tiene que perder sus desplantes de autoritarismo; el violento, tiene que perder sus ansias de golpear y mantener la calma. En fin, cada uno de nosotros estamos llamados a perder “el perfume más caro” que tengamos en nuestra vitrina. ¿Tú que estás dispuesto a perder?

La arrogancia tiene su recompensa cuando se sabe usar con madurez. Hoy la vida te pone frente a tus carencias y frente a tus limitaciones. Debes tener el “nervio” de hacer “mutis” y llegar hasta los Pies de Jesús; llorar como lo hizo la Mujer Pecadora, quebrar el recipiente caro que desborde el perfume caro para que nadie más lo pueda usar. No más vuelta al pecado, se quebró el recipiente y se difumó el olor de lo recto y agradable a Dios. Tú tienes la palabra. Dios te bendiga a ti y a tu familia.

Señor Jesús, Rescata a mi Familia. !Amén!

Señor Jesús, Restaura a mi Familia. !Amén!

Señor Jesús, Salva a mi Familia. !Amén!

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