DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO

 

AUTORA: MARGARITA BUSTAMANTE

PRIMERA LECTUTRA: ISAIAS 50, 5-9a

SALMO RESPONSORIAL: 114

SEGUNDA LECTURA: SANTIAGO 2, 14-18

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS: 8, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente soy yo? Ellos le contestaron: Unos, Juan El  Bautista: otros, Elías, y otros, uno de los profetas. Él les preguntó: Y vosotros, ¿quién dicen que soy? Pedro le contestó: Tú eres el Mesías. Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirles: El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar a los tres días. Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se le llevó aparte y se puso a increparle. Jesús se volvió, y de cara a los discípulos increpó a Pedro: ¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios! Después llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por el Evangelio, la salvará.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús

¿Quién Dices Tú Que YO Soy?

En la lectura del Profeta Isaías dice: el Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he puesto resistencia, ni me he echado para atrás.

Isaías escucha la voz de Dios, el Señor me ha dado una lengua experta que es el instrumento para la Misión Profética que es hablar en el nombre de Dios. El llamado por Dios a ser profeta no se resiste a lo que Dios quiere en nosotros, el Señor puede formarnos y moldearnos.

Ofrecí la espalda y me la golpeaban. Sufrir martirio por causa del Señor Jesús, tiene su recompensa. Tener confianza en Dios es no estar confundido y siempre tendrás la ayuda del Señor. Todos podemos experimentar la ayuda del Señor que es más fuerte que el dolor, porque el que está cerca de nosotros es Dios que nos hace justicia y con Dios todo lo podemos. Si estás con Dios, nada contra ti. Es más grande lo que está dentro de ti que lo que está fuera.

Santiago nos habla de la necesidad de acompañar nuestra Fe con las obras. Si nuestra Fe no se traduce en obras, esta Fe está completamente muerta. Por medio de la Fe en Jesucristo, la actividad salvadora de Dios llega sin distinción alguna a todos los que creemos en Él y nos damos cuenta que el hombre no llega a ser justo por cumplir la ley, sino por creer en Jesucristo el Enviado del Padre. Pero para Pablo la verdadera Fe es cuando el hombre es justo y cree verdaderamente en Dios, que lo único que vale es la Fe que actúa a través de la caridad.

Santiago corrige a los que se conforman con una pretendida Fe, que no se muestran dispuestos a corroborar con hechos.

En el Evangelio San Marcos nos dice que: La Fe tiene que ser activa como el cuerpo humano, necesita del ejercicio y de la comida adecuada y oportuna. Así como el cuerpo humano, la Fe puede volverse perezosa y entorpecida y aún eventualmente morir.

Es fácil llenarnos la mente con afirmaciones de Fe, pero, al no ponerlas en práctica es fácil dejar que nuestra Fe sea un depósito de preguntas y respuestas, pero no una parte efectiva de nuestra vida diaria.

El apóstol Santiago dice: algunos de nosotros de la comunidad cristiana dicen profesar su Fe, pero sin ponerla en práctica, conocen el contenido de la Fe pero no atienden a las necesidades de los demás, entonces es parte esencial de una Fe viva y activa si a un hermano o hermana le falta lo más básico en la vida como vestido o alimento, si la respuesta nuestra fue “que te vaya bien, abrígate y come” la respuesta sería insuficiente y carente de vida, no es una Fe que sepa ver la necesidad de Jesús en el más pequeño de nuestros hermanos.

El mismo Jesús tiene palabras duras para Simón Pedro cuando éste no acepta su verdadero papel como “Mesías”. Pedro pensaba en un mesías sin cruz, sin amor apasionado y comprometido; pero tal idea del mesías es obra del diablo, un pensamiento puramente humano.

Jesús vino a este mundo a compartirnos el amor del Padre y a restaurar un mundo roto y a sanar corazones heridos por las adversidades, y no iba a ser cosa fácil, tenía que ser rechazado por ancianos y sumos sacerdotes, ser llevado a la muerte y resucitar a los tres días.

Jesús fue fiel al Padre, por eso su fidelidad requería de un sacrificio supremo. Del tamaño del llamado, así tiene que ser la respuesta. Eso vale nuestra Fe, estar dispuestos a tomar nuestra cruz cada día para seguir a Jesús, perder nuestra vida diaria, para encontrar la Vida Eterna.

Para nosotros los humanos el verdadero camino es: “negarnos  a nosotros mismos para seguir a Jesús que carga con su Cruz. Participar en la Eucaristía nos ayuda a captar al verdadero sentido de nuestra Fe y a obtener del Señor la Gracia que necesitamos para hacerla realidad en nuestra vida diaria”. Que Dios bendiga tu vida.

Señor Jesús, Rescata a mi familia. ¡Amén!

Señor Jesús, Restaura a mi familia. ¡Amén!

Señor Jesús, Salva a mi familia. ¡Amén!

 

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