DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

Autora: Beatriz Ferrigno

Primera Lectura: Sabiduría 7, 7-11

Salmo 89

Segunda Lectura: Hebreos 4, 12-13

Evangelio según San Marcos: 10, 17-30

“Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y, arrodillándose ante Él le preguntó: Maestro bueno ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino solo Dios. Ya sabes los mandamientos; No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre. Él, entonces, le dijo: Maestro todo eso lo he guardado desde mi juventud. Jesús fijando en él su mirada, le amo y le dijo: Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sìgueme. Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenìa muchos bienes.” Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.

Ricos pobres y pobres ricos

Queridos Hermanos y Hermanas: El Evangelio de este domingo 14 de octubre nos habla acerca del tema de la riqueza. Es aquí en donde Jesús nos enseña que para un rico es más difìcil entrar al Reino de los Cielos. ¿Por qué? Por que el rico se esmera en su afán de obtener más bienes materiales, que espirituales. Pero, ¿por qué pensar que es imposible? Para Dios no lo es, ya que, en su infinito amor, puede mover el corazón de quien más tiene y, a su vez, llamarlo al don de la caridad con el prójimo.

Que difìcil es en estos tiempos ser humildes de corazón y ver en el prójimo el mismo Rostro de Jesús que nos habla de que, siendo el Hijo de Dios, se hizo pobre por nosotros, naciendo en un pesebre, y muriendo de la manera más humillante que en aquellos tiempos existía: “La muerte de Cruz”. Si El, quien es Hijo de Dios se hizo humilde ane nosotros, ¿por que no nos hacemos humildes de corazón por nuestra salvaciòn y la de nuestras familias?

No se trata de no luchar por tener bienes materiales, techo, vestido, alimento. Si dios ha sido generoso, bendicièndonos con ellos, lo ùnico que nos pide es que esto no nos aleje de Él, sino por el contrario, compartamos con nuestros Hermanos que más lo necesitan. Veamos en ellos el Rostro de Jesùs. Pongamos en práctica el dar con amor, y compartamos con quien más lo necesita. Recordemos que Dios ama a los corazones generosos y al que da con generosidad. Agradezcamos, primeramente, el don de la vida. Si en sus Manos ponemos nuestras vidas, Él nos llenará de bendiciones y nos recompensará al ciento por uno. Que Dios les bendiga.

Señor Jesús, Rescata a mi Familia. ¡Amén!

Señor Jesús, Restaura a mi Familia. ¡Amén!

Señor Jesús, Salva a mi Familia. ¡Amén

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