DOMINGO XXXIV DEL TIEMPO ORDINARIO

Autor: Antonio Torrecillas Manjarrez

PRIMERA LECTURA: Daniel: 7, 13-14

SALMO RESPONSORIAL: 92

SEGUNDA LECTURA: Apocalipsis : 1, 5-8

EVANGELIO según San Juan: 18, 33-37

“En aquel tiempo, preguntó Pilato a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?”. Jesús le contestó: “¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?”. Pilato le respondió: “¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?”. Jesús le contestó: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí”. Pilato le dijo: “¿Conque tú eres rey?”. Jesús le contestó: “Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Palabra de Dios. Gloria a Ti Señor Jesús.

La verdadera realeza

¿Jesús es el Rey de reyes?  Si, ¿pero para quien? Hermanos, Cristo Jesús es el Rey de reyes para todas  aquellas personas que le abren su corazón y que se han entregado a Él para servirle, y a cambio tienen su recompensa que es la de  saber amar y perdonar sin esperar nada a cambio, ya que el haber elegido seguir los pasos del Señor, van por el  sendero de la vida llenos de Fe y Esperanza, donde nada los agobia porque todo se lo han entregado a Cristo Jesús. Asì es, ya que solo Él es quien tiene la solución a nuestras preocupaciones y problemas, es el Salvador de nuestras vidas, familia, matrimonio, (esposa, esposo). Nos ha arrancado de nuestro corazón ese odio y coraje por alguna persona o ser querido, con una sola condición: la de serle fiel y cumplir  sus mandamientos. La salvación ha llegado a pueblos y Naciones enteras donde se ha cantado la victoria y llenos de alegría lo proclaman Rey de todo el Universo. Es por eso queridos Hermanos que debemos de saber y entender que el Reino de Dios no está en el cielo, ese está aquí en la tierra, que al igual que un simple granito de mostaza debemos hacerlo crecer, para que nosotros como fieles católicos y seguidores de Jesús, hagamos, día a día, más grande el Reino de Dios, donde estemos verdaderamente entregados en hacer y dar todo por amor a nuestro Rey Jesús. Todo esto hay que demostrarlo con actos y acciones buenas con nuestras familias, esposas, hijos, padres y hermanos en Cristo. Es la única prueba: Que se vea ese amor que contagie y llegue al corazón de todos los hombres y al seno de los hogares, donde, como ciudadanos y sociedad, alcancemos esa armonía y respeto para que siempre reine el amor, la paz y la justicia. Al fin de cuentas, nos dice San Pablo, en eso consiste el Reino de Dios: En Justicia, Paz y Gozo.

Si Hermanos en Cristo Jesús, nuestro único y absoluto Rey ha sido quien a través de la historia de la  humanidad nos ha demostrado que en todo momento está para perdonar y guiarnos por el sendero de la vida eterna, pero somos nosotros quienes, inmersos en nuestro egoísmo y materialismo, lo hacemos a un lado y dedicamos nuestro tiempo en cosas vanas, siempre inmersos en la ignorancia de su Palabra, indiferentes a su llamado, porque no somos capaces de darle un poco de nuestro tiempo a dedicarnos como padres de familia al estudio y comprensión de su Palabra y junto con el Pan que da la vida eterna para alimentarnos, y así obedecer los mandatos de Cristo, Rey del Universo. Él que es el Alfa y el Omega, Él que es, Él que era y Él que ha de venir, el todopoderoso, el Rey de todos los reyes, el del poder eterno.

Reinará el Señor por siempre.

Señor Jesús, Rescata a mi Familia. ¡Amén!

Señor Jesús, Restaura a mi Familia. ¡Amén!

Señor Jesús, Salva a mi Familia. ¡Amén!

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