Frutos de la Evangelización, continuación…

Con esa gasolina nueva de un corazón incendiado con el fuego de la Palabra, y dejando de controlar el viento huracanado de Pentecostés, comenzamos en 1980 una Escuela de Evangelización, llamada “San Andrés”, que forma a nuevos evangelizadores para la Nueva Evangelización. Se llama “San Andrés” porque busca a Pedros, para llevárselos a Jesús y sirvan, prediquen y amen a Jesús, más y mejor que nosotros mismos. Hemos encontrado a muchos, muchos Pedros, en el mundo entero.

Hoy, existen más de 2000 Escuelas de Evangelización en 61 países que comparten la misma visión y programa de formación. Aquí en Québec se han desarrollado maravillosamente, porque mi hermano en el Bautismo, el Sr. Arzobispo, Cardenal Ouellet, es un enamorado de la Palabra de Dios: por algo el Papa lo nombró relator del próximo sínodo sobre la Palabra. Él nos ha abierto la puerta que estábamos buscando.

 

Nuestra meta no es formar teólogos ni catequistas, sino evangelizadores enamorados de Jesús-Palabra, que no puedan dejar de hablar de lo que han visto y oído. El carisma de nuestras escuelas es la metodología, una metodología simple pero eficaz, para aprender, para enseñar y para enseñar a enseñar.

 

Mi sueño: una Escuela de Evangelización en cada parroquia de la Iglesia Católica. Que la parroquia no se reduzca a un centro de culto, sino fuente de la Palabra de Dios, que es viva y eficaz: espíritu y vida – Pneuma kai Zoé (Heb 4, 12: Jn 6, 63)

Costa Rica: el secreto de Pablo

Daba el curso del secreto del éxito pastoral de San Pablo, en San José, en Costa Rica. Al final, el coordinador me preguntó: “Ya descubrimos el secreto de San Pablo, pero, ¿cuál es el secreto de Pepe Prado?” Mi secreto, respondí inmediatamente, es la Palabra de Dios, que ya no está fría como antes estaba en mi cabeza, sino que es como un fuego prendido en mis huesos, que no puedo ni quiero controlar, sino que soy arrastrado por el viento huracanado de Pentecostés. La Palabra me ha seducido y yo me he dejado seducir. La Palabra, aparte de estar en la mente, está en mi corazón. Palabra encendida, que incendia; porque sólo los motivados motivan, y sólo los testigos testifican con poder.

El Espíritu Santo inspira la Escritura y la Escritura expira Espíritu Santo

El Espíritu Santo que habló por los profetas, inspiró la Santa Escritura. La Biblia está preñada no sólo por el Espíritu. La Biblia, como María, esta embarazada del Espíritu Santo, con el Ruaj divino. Pero la Biblia también expira Espíritu Santo: San Pablo afirma que “los que escucharon la Palabra de la verdad, la Buena Nueva de la Salvación, fueron sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Ef. 1, 13). ¿Quiénes fueron sellados y tatuados por el Espiritu Santo? Los que escucharon la Palabra de Dios.

Cuando se proclama la Palabra, la Palabra de Dios, que es fuerza de Dios para la salvación (Rom 1, 16), irrumpe el viento huracanado en la comunidad, como sucedió en la casa de Cornelio, en Cesarea, cuando Pedro predicaba, y antes de que terminara su discurso, cayó intempestivamente el Espíritu sobre los que escuchaban la Palabra (Hech 10, 44). ¿Cuántas veces ha caído el Espiritu Santo mientras predicamos o enseñamos?

Cito a un buen amigo, el obispo colombiano Alfonso Uribe Jaramillo que preguntaba: ¿Por qué Pedro con un discurso convirtió a tres mil personas, y nosotros con tres mil discursos no convertimos a nadie? Yo, antes, con mi control trataba de dirigir al Espíritu. Yo había amarrado al Espíritu. Quería controlarlo. Pero gracias a Dios, seducido por la Palabra, dejé de intentar controlar al Espíritu y solté el globo, para que el Ruaj de Dios soplara como quisiera, aunque yo no supiera de dónde venía ni adónde iba.

Cada uno de ustedes tiene un globo que simboliza la Palabra de Dios. Ínflenlo para significar que la Palabra de Dios está inspirada por el Espíritu, llena del Ruaj de Dios. Ínflenlo, para no olvidar que la Palabra está embarazada del Espíritu Santo, como Maria, la madre de la Palabra que se hizo carne. Ahora, tienen una opción que cada uno va a tomar: o lo atas, para simbolizar que quieres controlarlo, que es sólo para las fiestas, un simple adorno o un vitral de tu parroquia. O lo sueltas, para que vaya adonde quiera, como quiera y cuando quiera.Tú decides. Lo peor sería que simplemente lo guardaras en un librero. Tú decides: amárralo o suéltalo…

 

Sr. Jose H Prado

comunidadfamiliadediosmonclova@hotmail.com

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