PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO: SE ACERCA NUESTRA LIBERACIÒN

Autor: Jesús Aguirre

Primera Lectura: Jeremías 33,14-16

Salmo: 24

Segunda Lectura: 1 Tesalonicenses 3, 12. 4, 2

Evangelio según san Lucas: 21, 25-38.34-36

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra, las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación. Estén alerta, para que los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra.

Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre”. Palabra de Dios. Gloria a Ti Señor Jesús.

Ánimo: Se acerca el día de nuestra liberación

En el Evangelio de este domingo, con el cual iniciamos este gran período de Adviento, tiempo de esperanza y de apertura de corazones, San Lucas nos narra las señales que se presentarán en el cielo cuando se manifieste la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo. Nos habla de estruendos en los cielos, el mar y la olas, lo que nos dice del miedo, la angustia y la inseguridad que se vive hoy en día en el mundo. Pero también nos habla de una “Gran Esperanza”: De que se verá al Hijo de Dios venir con poder y gloria, y no como la primera vez con humildad y sencillez, por lo que nos invita a prepararnos para dicha venida, a estar atentos, vigilantes y también en gracia y en comunión con Dios para que cuando llegue el Señor no nos tome por sorpresa.

También nos hace una clara invitación a rechazar todo tipo de excesos y maleficios que nos alejan del amor de Dios, tal como lo dice el verso 34: “Procuren que sus corazones no se entorpezcan por el exceso de comida, las borracheras y las preocupaciones de la vida…”. En estas fechas se presta mucho el realizar fiestas o “posadas”, pero últimamente se pierde por completo el verdadero significado de una posada. Como lo dice la lectura: exceso de comida y borrachera es lo que sobresale en estas fiestas, por lo que en vez de preparar nuestros corazones lo que hacemos es afectar nuestro cuerpo.

Entonces es a lo que estamos llamados con ésta Palabra, hay que preparar nuestro ser en todo sentido, tanto físico como espiritual, y en nuestra vida diaria intentar ser mejores personas para así poder iniciar el Adviento de la mejor manera y recibir a Jesús en nuestros corazones con plenitud y esperanza. Esta espera a la que nos invita el Evangelio, no significa “cruzarnos de brazos”, pues el mundo sigue su marcha. Amanece todas las mañanas, y no es más que la invitación de la naturaleza para que alabemos a Dios por su amor por nosotros. Sin embargo, todos esperamos ansiosos la Segunda Venida de Jesús, pero, como nadie sabe el día ni la hora, no nos queda más que continuar con nuestra tarea de proclamar que Jesús està Vivo. ¡Amèn!

¡Feliz Domingo de Adviento, de Espera Gozosa!

Señor Jesús, Rescata a mi Familia. ¡Amén!

Señor Jesús, Restaura a mi Familia. ¡Amén!

Señor Jesús, Salva a mi Familia. ¡Amén!

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