SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO: PREPARANDO EL CAMINO Y LA VIDA

Autora: Andrea Lozano

Primera Lectura: Baruc 5, 1-9

Sal 125,1-2-3.4-5.6

Segunda Lectura: Filipenses 1, 4-6.8-11

Evangelio según san Lucas 3, 1-6

“En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.» Palabra del Señor. Gloria a Ti Señor Jesús.

Trabajar para Prepararle el Camino al Señor

Hoy en día podemos darnos cuenta que el mundo está sumergido en lo material, en el poder, en el egocentrismo, etc. El Adviento nos invita al arrepentimiento y a la conversión. Debiéramos imitar a Juan el Bautista en su vida desprendida de lujos, para enfocarnos en seguir a Dios. Juan nos muestra que lo único importante para él era Dios, y los personajes de su alrededor, como los gobernadores, solo pensaban en el poder y en sí mismos. Realmente el poder solo está en Dios pues Él tiene la capacidad de perdonarnos absolutamente todos y cada uno de nuestros pecados y así podremos llegar a la vida eterna. Con la lectura de este Evangelio, nos damos cuenta que tenemos dos caminos por elegir: o ser como Juan Bautista, o ser como los gobernadores, poderosos ensimismados y llenos de falso poder. Tú eliges ¿a quién te quieres parecer? ¿Qué etilo de vida prefieres? ¿Lo temporal y pasajero o lo permanente y eterno? Tú eliges.

Juan por un lado te lleva de la mano al camino que Jesús destinó para nosotros, un camino sin piedras donde no podamos tropezar, Jesús las ha quitado por nosotros; o quieres seguir a los ciegos, falsos poderosos, quienes nos llevarían al camino de la perdición, como cuando Pilato le decía a Jesús “¿No sabes que tengo poder tanto para dejarte libre como para crucificarte?” (Juan 19:10). Como quien dice, ¿seguirías al que trae un mapa y nunca ha ido por el camino y cree que va a llegar, o seguirías al guía que ya conoce el camino de ida y vuelta a la casa del Padre?

Algunas veces necesitamos ir al desierto para poder recapacitar, es decir, crear un tiempo o un espacio donde continuamente podamos ponernos en oración, ver que hemos hecho a lo largo de nuestras vidas y que es lo que Dios quiere hacer de ellas, un espacio para escuchar la voz de Dios guiándonos por el camino de la vida. Así podremos ver la salvación, viviendo cerca de Dios, en oración y en paz.

Señor Jesús, Rescata a mi Familia. !Amén!

Señor Jesús, Restaura a mi Familia. !Amén!

Señor Jesús, Salva a mi Familia. !Amén!

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